Hontoria del Pinar es un municipio situado en la provincia de Burgos, en la comarca de La Demanda, partido judicial de Salas de los Infantes, cabecera del ayuntamiento de su nombre.

Hontoria del Pinar tal y como se conoce hoy comienza su andadura en los siglos IX-X cuando, coincidiendo con la reconquista y la repoblación, se asientan hombres en el solar llamado Hontoria (fuente de oro) y luego apellidaron “Pinar” (lugar de pinos) por la abundancia de estos árboles. Este apéndice es, relativamente, reciente y ha servido para evitar confusiones con otros pueblos burgaleses del mismo nombre. La actual villa fue fundada, muy probablemente, en la primera década del siglo X en el ámbito del condado de Lara que, con su señor Fernán González, sería el aglutinador de Castilla.

Fernan Gonzalez

En el año 902, la mesnada del Conde de Burgos, don Gonzalo Fernández, conquistó la ciudad romana de Lara y la habilitó como capital de un nuevo condado cuyo castillo se alzó en el picón en el que hoy todavía se ve en sus ruinas. La ocupación cristiana de todo el sector de la Sierra no necesitó de las armas, pues los árabes no se habían establecido en ella, simplemente los repobladores venidos del norte de Burgos, de toda la costa del mar Cantábrico, se detenían en el lugar que les convenía al gusto y por la ley de la “presura” se quedaban en él. Este proceso de repoblación de la actual sierra burgalesa y parte de la soriana pudo durar entre diez y veinte años. Entonces nació Hontoria del Pinar. Su primer siglo de vida no fue cómodo.

Las expediciones árabes eran frecuentes. Las expediciones de castigo salían de Medinaceli y, por Osma, llegaban a Clunia. Aprovechando las vías romanas, los árabes tomaban la que desde Clunia llegaba al Ebro y por Canales de la Sierra. Había otro camino por el río Lobos que bien podía pasar por Hontoria del Pinar ya que en la villa se han hallado vestigios romanos y se conserva el puente sobre el río Lobos. Cuando cesó la guerra con los musulmanes, Hontoria organizó su vida como todos los concejos altomedievales y en función del destino que se le había asignado de cabeza de alfoz. Lo más parecido al alfoz es hoy el partido judicial, en aquellos años lo administraba un “teniente” que desde el obligado castillo aserguraba la defensa, administraba la justicia y cobraba los impuestos. El castillo del alfoz no está en la villa sino a 600 metros en el pago del mismo nombre y en el que quedan patentes las bases de edificación y cerámica de la época. Los pueblos del alfoz, aparte de Hontoria y de sus dos aldeas, eran Rabanera, San Leonardo, Arganza, Navaleno, Casarejos y Vadillo. Sus alfoces limítrofes eran Lara, del que había sido desgajado, Clunia y Fuentearmegil. El alfoz de Hontoria es mencionado en un documento del rey Alfonso VI el 1 de mayo de 1075. La importancia de ser cabeza del alfoz favoreció el desarrollo de la villa en torno al ganado, la madera y una limitada agricultura. En el año 1213, el 23 de agosto, Hontoria pasó del régimen realengo al eclesiástico. En esta fecha el rey Alfonso VIII le apremiaba concluir su obra preferida: el hospital que construía en las afueras de Burgos para asistencia de los peregrinos de Santiago. Por lo tanto llegó a un acuerdo con el abad y monjes de San Pedro de Arlanza en virtud del cual y en documento solemne cambiaba ciertos bienes que el célebre monasterio poseía cerca de Burgos por otros que el rey desgajaba de su corona y entregaba a los monjes. Estos bienes se situaban en la Sierra y comprendían parte del viejo alfoz y del alfoz de Lara formando un dominio de muy subido interés: Hontoria, San Leonardo, Casarejos, Vadillo, Costalago y Quintanar, Canicosa, Regumiel y Revenga.

Todas estas villas y lugares pasaban a la jurisdicción del monasterio cuyo abad los administraría y beneficiaría con la potestad delegada del rey. Durante cuatro siglos y medio, Hontoria vivió en régimen abadengo. En 1217, el Papa Honorio III confirmaba el cambio de Alfonso VIII con los monjes. El dominio del monasterio de Arlanza controlaba la serranía e imprimía en ellas su sentido cultural y religioso. Cuando en 1266 reorganice su economía, los pagos de fonsadera y de martiniega de Hontoria se destinarían a los gastos de ropería de los monjes. Tal amplitud de bienes suscitaba la envidia de algunos magnates como los Velasco, futuros condestables de Castilla, que habían creado un fuerte mayorazgo en la Sierra. El rey don Juan I en 1380 hubo de intervenir y ordenar a don Pedro Fernández de Velasco que devolviera a los monjes cuanto les había usurpado incluida Hontoria y sus aldeas. En el “Libro de las Behetrías” Hontoria aparece dentro de la Merindad de Santo Domingo de Silos como pertenencia de Arlanza. Los vecinos pagaban al rey los impuestos de servicios y moneda y el de fonsadera, lo que significa que el castillo del alfoz ya no estaba en servicio. La martiniega (100 maravedises) los cobraba el abad por especial concesión del rey; cada vecino abonaba al año 15 dineros por infurción (alquiler de solares) y, finalmente, el concejo pagaba un yantar de 30 maravedises anuales al monasterio. El régimen de abadengo duró hasta entrado el reinado de Felipe II. Este rey consiguió autorización del Papa para reincorporar a la Corona algunos dominios monásticos entre los que se incluían parte del dominio serrano de Arlanza, Hontoria incluida. Pero la nueva situación duró muy poco tiempo. Don Juan Manrique de Lara, hijo del duque de Nájera, compró al rey por 7.931.380 maravedises el dominio señalado. Como recuerdo del periodo señorial de la historia de Hontoria ha quedado el rollo jurisdiccional y picota de justicia. En 1591, Hontoria y sus dos anexos aparecen formando partido con Tabanera y Miranda, con San Leonardo y Pinilla, sumando entre todos 406 vecinos, unos 2.000 habitantes. A finales del siglo XVIII la localidad seguía en el señorío. En lo espiritual, hasta 1956 pertenecía a la diócesis apostólica de Osma. En su desarrollo gradual y perseverante, Hontoria del Pinar alcanzó en el siglo XVIII una brillante prosperidad como miembro de la Real Cabaña de Carreteros.

La historia de esta institución manejó cifras que hoy pueden parecernos inverosímiles. De los 319 vecinos que contaba Hontoria en 1752, eran propietarios de carretas 276. Cada carreta producía un beneficio anual de 350 reales de vellón (11.900 maravedises) lo que significaba un beneficio global para el vecindario de 17.302.600 maravedises o de 508.900 reales de vellón. El fenómeno de la carretería serrana marcó un antes y un después en la vida serrana. La Guerra de la Independencia supuso un duro golpe para la carretería serrana y, por tanto, para Hontoria del Pinar. La ley del invasor impuso la requisa de vehículos y de animales y dio preferencia a las necesidades de sus ejércitos a los que debían servir los carreteros oprimidos. La sierra se puso en pie de guerra guiado por un cura de aldea loco por su fe y su patria ofendidas y organizó una guerrilla. Una de sus principales hazañas ocurrió en Hontoria del Pinar, el cura y sus seguidores aniqilaron las tropas francesas que venían a por ellos. La acción echó por tierra los proyectos de los franceses que pensaron hasta en incendiar la masa pinariega de la sierra. A mediados del siglo XIX, el caserío de Hontoria aparecía firme con algunas casonas, una escuelas con 60/70 niños y su maestro que cobraba el importante salario de 2.200 reales. En la villa había posada y hasta carnicería. Funcionaban tres molinos y varias serrerías hidráulicas y una fábrica de resinas. La madera generaba empleo y las praderas engordaban los ganados. El nombre de la villa (Fuente de Oro) se reflejaba en sus fuentes y en el río Lobos, creador de uno de los parajes más hermosos de España. La villa es agua y árboles: Hontoria del Pinar.

En 1884 se instaló en la localidad la primera fábrica resinera de España.