La villa de Neila, enclavada en un paraje espectacular, se sitúa al fondo de un valle, a 1.200 metros de altitud y rodeada por las elevadas cumbres de la Sierra de Neila. Es uno de los pueblos serranos con más encanto. Durante el proceso de reorganización territorial del siglo X estuvo integrado en el efímero alfoz de Barbadillo, pasando luego a formar parte del de Lara y más tarde de la Merindad de Santo Domingo de Silos.

Lo agreste y elevado del terreno fomentó la vocación ganadera del lugar, convirtiéndose en un importante pastadero de verano para los rebaños de ovejas merinas trashumantes. La cabaña neilense llegó a ser tan numerosa y pujante que en el año 1706 se autorizó la construcción de un lavadero de lana.
Esta secular vocación ganadera distinguía el paisaje de Neila, dominado por los prados, del paisaje de su entorno inmediato, dominado por los bosques de pinos silvestres, característicos de los
municipios circundantes de la llamada sierra pinariega, con una vocación tradicional enfocada al aprovechamiento maderero del bosque y a la carretería. Sólo en los últimos años, el abandono de la actividad ganadera en Neila, va permitiendo poco a poco al bosque recuperar su espacio. Los montes de Neila, otrora jugosos pastos, empiezan a cubrirse de vegetación, a partir de las especies del entorno. De esta manera, el pino, anteriormente relegado a un lugar secundario, comienza a tener un papel central en la economía del pueblo y en el interés de sus vecinos.
La importancia que alcanzaron los ganaderos de la Mesta en este rincón de la Sierra ha quedado plasmada en las numerosas mansiones solariegas que aún subsisten. Es el caso de la casa de los Márquez Prado, situada en la Plaza Mayor, con el escudo familiar en la fachada, o la casona de los Cuesta, en el barrio de San Miguel, que cuenta con una hermosa portada renacentista.
Asimismo, en la plaza del Empedrado, hay que mencionar la casa palacio del Cura Merino, que estableció aquí su cuartel general. Destacan dos escudos que pertenecieron a la familia de los Márquez.
El casco urbano se divide en dos barrios. El barrio de San Miguel, situado sobre un terreno pendiente y desigual, está formado por viejas casas de piedra sin calles definidas. Se halla prácticamente despoblado. El edificio más destacado es la iglesia parroquial de San Miguel, que, del primitivo templo románico, conserva la cabecera y el cuerpo inferior de la torre. Sin embargo, el núcleo principal del actual pueblo de Neila es el barrio de Santa María, presidido por la iglesia de Santa María, de formas góticas tardías, si bien conserva una notable pila bautismal románica y un interesante retablo de estilo prechurrigueresco.
Uno de los rincones más cuidados del casco urbano es el nacimiento del río Neila, que en tierras riojanas se convierte en el Najerilla. Tiene sus fuentes en la Cueva de Neila, magnífico lugar para la práctica de la espeleología. Sin duda alguna, el principal protagonista del lugar es el paisaje. El Parque de las Lagunas Altas de Neila es uno de los parajes más bellos y espectaculares que se pueden visitar.

HISTORIA
El pueblo de Neila da nombre a una Sierra cuyo pico más alto, el de Muñalba alcanza los 2.073 m. de altitud. La villa aparece emplazada en el fondo del valle, a 1.200 metros sobre el nivel del mar y esta situada en la confluencia de tres provincias, Burgos, Soria y La Rioja. Neila perteneció al Alfoz de Lara, y era villa realenga, un pequeño emporio de riqueza cuando se mantuvo durante siglos el comercio de la lana y que hoy sólo es un recuerdo. Fruto de este pasado esplendoroso aún permanecen en pie algunas casas solariegas, con sus escudos empotrados en la piedra.